Publicado por Antonio Mangione
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En la entrega anterior, preguntaba si hay que medir la calidad científica, si existen métodos alternativos al del FI y si dicho método es válido. Veamos…
Hay que medir?
El sistema de producción y desarrollo de conocimiento científico esta atravesado al menos por dos tipos de lógicas. Una es la del mérito, en donde se plantea indispensable diferenciar a los mejores de los no tan buenos, de manera de poder concentrar el apoyo económico e institucional en los primeros. La otra es la lógica de mercado, que indica que se deben asignar recursos, de manera que aquellos que den muestras de ser mejores y eficientes (menor relación costos/beneficios) sigan recibiendo fondos y los otros no. Por ejemplo, para los evaluadores de proyectos de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología e Innovación Productiva de la Argentina, un investigador que no disponga de tres o cuatro trabajos científicos publicados en revista con factor de impacto, no puede integrar dicho proyecto y todo el proyecto podría quedar descalificado por este requisito.
Todo esto tiene sentido bajo la idea, por cierto más que defendible que el estado nacional no puede invertir fondos en emprendimientos científicos que no garanticen ciertos estándares de calidad. Bajo esta lógica funciona el sistema, los que estamos involucrados hemos aceptados sus reglas básicas, no sin críticas por supuesto.
Una de las críticas más comunes a la medición de calidad por el Factor de Impacto, es que no contempla que existen disciplinas con diferente tasa de publicación y de citación. Al respecto Celina Santoni, Becaria de CONICET en el Instituto de Matemática Aplicada (IMASL) dice:
“Creo que se deben utilizar los factores de impacto, pero la comparación debería hacerse entre revistas de una línea de investigación/disciplina similar. Hay disciplinas donde las revistas de mayor acceso tienen factores de impacto que no son muy altos, por ello se debería distinguir entre disciplinas para hacer una valoración del factor de impacto y para evaluar la calidad de la producción científica.”
Al respecto vale aclarar que por ejemplo CONICET en Argentina, tiene en cuenta estas diferencias disciplinares, lo cual es un avance en la forma en que se utiliza el FI.
Es imperioso, una obligación, dar a conocer los descubrimientos científicos, en ese sentido no puede ser lo mismo la suerte y promoción en el ámbito de la ciencia de aquellos que en igualdad de condiciones (esto no es trivial) publican y sus trabajos son de calidad (no solamente la revista es de calidad y sus trabajos son una verdadera contribución a la ciencia) de la de aquellos que con fondos públicos trabajan sin dar a conocer su descubrimiento. En alguna medida los primeros contribuyen al conocimiento científico de un país por ejemplo, los segundos no.
Existen métodos alternativos?
Si, existen métodos alternativos de medición indirecta de calidad del trabajo científico o de la producción científica de un científico.
“Los índices que combinan número de citas con el número de publicaciones (como el índice H) y ponderan asimismo el impacto relativo de cada revista científica son de las mejores herramientas con las que contamos actualmente. Existe una nueva tendencia que propone evaluar cada artículo por separado sobre la base de los comentarios recibidos en diversas bases de datos (como Google Scholar) o de su popularidad en cuanto a lectura y “bajada” (en los trabajos publicados en revistas de acceso abierto), pero aún es muy pronto como para evaluar su eficacia.”, dice el Dr. Diego Golombek, Investigador de CONICET y Director del Laboratorio de Cronobiología en la Universidad Nacional de Quilmes.
Estos son todos formatos o métodos estandarizados y de fácil computo, sin embargo los científicos no descartan y de hecho implementan además de los primeros, criterios menos sistematizados a la hora de evaluar la producción científica por ejemplo al respecto el Dr. Daniel Enriz del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas (IMIBIO) CCT – CONICET dice que “si uno quiere aferrase sólo a estas cosas – se refiere a los métodos como FI y H – siempre termina en un problema de ahí lo importante y racional que sea el evaluador en si mismo para considerar estas cosas relativamente y poder darles el peso justo y necesario.” Es decir este científico apunta en la dirección que la directora de este Instituto Dra. Sofía Giménez, quien propone, que en una evaluación además hay que tener en cuenta “El grado de originalidad (del trabajo se refiere), el aporte al conocimiento, dependiendo de que se trate, el aporte a la solución de un problema general o regional. La metodología utilizada…”
A la pregunta si estos métodos son válidos, queda decir que todo método de evaluación surge de criterios que se consensúan en una etapa previa a la que el científico es evaluado, pero por sobre todas las cosas que el científico ha aceptado las reglas del juego.
Impacto del Factor Impacto.
No hay entonces método infalible, no hay método certero de medir. Disponemos de lo que hemos aceptado hasta ahora aun cuando tengan falencias. Sin embargo en la adopción de estas reglas del juego se dan algunas conductas por parte de la comunidad científica que al por lo menos son cuestionables y el impacto de la medición del FI sobre la dinámica de la producción científica se hace notar.
Lo que podemos poner en dudas de estas palabras es la magnitud y es lo que cuesta mas desentrañar. Pero por ejemplo, para una persona que recién empieza en forma independiente a producir ciencia, en latitudes como la de Argentina, le conviene publicar dos o tres notas o comentarios breves en vez de un manuscrito completo o full paper. De esa manera pequeñas porciones de información científica se dan a conocer retardando el conjunto organizado y en contexto de una investigación a largo plazo o de un programa de investigación.
La búsqueda de la publicación con FI, hace que se prolonguen los tiempos de publicación en estas revistas, a veces hasta más de un año. Además las revistas nacionales no reciben todo el caudal de trabajos que podrían ser perfectamente publicados en estas revistas, sin embargo inician un periplo por dos o más revistas con FI, hasta que finalmente por diferentes razones, algunas de peso otras no tanto, terminan siendo rechazadas en dos tres o hasta seis revistas. Ahí sus autores deciden enviar su trabajo a una revista nacional sin FI.
Los científicos saben que una revista con igual FI que otra pero con 6 números anuales dará más oportunidades de ser publicado que otra que tiene cuatro números, entonces en la selección de la revista por parte del científico, pesa la periodicidad con la que la revista edita sus números.
Comentarios finales
La generación y publicación del conocimiento científico, es una actividad humana. Plagada de errores. Pero con dos características más que destacables. La actividad es avalada o criticada por pares, que tienen en promedio, las mismas intenciones que los que envían su trabajo para ser evaluado, que el trabajo sea lo mejor posible. La otra es que la generación del conocimiento científico se mira a si misma, se autoevalúa y se corrige permanentemente.
La evaluación de la actividad científica, es aún más humana. Establecer los criterios ya es una tarea inmensa, desde lo someramente técnico, hasta lo ideológico. Y como broche todos en alguna medida ser evaluado es tranquilizador e incómodo a la vez.
La vara con que se mide la ciencia, es una vara hecha por seres humanos, imperfecta, cuestionable. Tal vez esta última frase de Luis Marone, ecólogo y epistemólogo, investigador de CONICET, deje bien en claro lo deseable de hacer ciencia y de publicar sus resultados.
“Al comienzo de mi carrera científica sólo deseaba que me aceptaran mis manuscritos, luego esperaba que me citaran, posteriormente me conformé con que me leyeran, ahora espero que mis manuscritos sean verdades”–
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